Por la naturaleza de mi trabajo como consultor gerencial y aliado de negocios, suelo ir de empresa en empresa participando en múltiples conversaciones (buena parte de ellas incómodas) con emprendedores, gerentes, administradores, entre otros responsables de procesos.
En esas conversaciones hago lo que mi trabajo indica: resolver con método, y desde mi perspectiva y experiencia, todo cuanto me consultan sobre temas que suelen relacionarse con problemas que necesitan ser resueltos con inmediatez.
De esta manera, y por las habituales urgencias operativas que todo el tiempo se presentan en los negocios, existen preguntas que considero de alto valor que no tienen la oportunidad de emerger, que no salen a flote porque “no nos da la vida” para plantearlas y enfrentarlas, pero que a mi entender tienen todo que ver con el desarrollo y futuro de las organizaciones.
En un intento por escapar de las consultas empresariales urgentes, les propongo aproximarnos a una pregunta que he incorporado a mi rutina de pensamiento como consultor, gerente y socio, y que me ha permitido comprender el avance o no de los negocios en los que participo. Aunque de forma explícita nadie me la ha planteado anteriormente, considero importante contemplarla y mantenerla expuesta porque he visto que la calidad y claridad de su respuesta tiene incidencia directa en el crecimiento de aquellas empresas que han sido creadas para perdurar y cumplir un propósito a través del tiempo.
La pregunta es simple y directa:
¿Cuál es la conexión entre estrategia y liderazgo?
Y la respuesta probablemente también lo sea:
La estrategia y el liderazgo no pueden existir por separado.
Sin embargo, ahondando en la respuesta, he visto cómo muchos empresarios y directivos entienden la estrategia como un documento, un plan maestro que se diseña una vez al año. Y, en paralelo, ven el liderazgo como un conjunto de habilidades blandas, carisma y gestión de personas.
En la práctica, la estrategia sin liderazgo es el equivalente a un mapa sin navegante o a un plan brillante guardado en un cajón.
A su vez, el liderazgo sin estrategia se asemeja a un barco con un capitán enérgico, pero sin rumbo ni destino, que gasta recursos valiosos en movimientos erráticos.
La conexión entre estos dos conceptos es profunda y sistémica:
- La estrategia define las competencias de liderazgo: Por ejemplo, una estrategia empresarial de expansión a nuevos mercados exige líderes con visión global y capacidad de adaptación cultural o una estrategia de disrupción tecnológica demanda líderes que fomenten la experimentación y toleren el error calculado.
La estrategia no es entonces un papel o documento; es el ADN que dicta qué tipo de liderazgo necesita la organización para evolucionar.
- Las competencias construyen la cultura: El perfil de liderazgo que se promueve y se celebra en una organización se convierte en su cultura.
Si por ejemplo una organización recompensa a los líderes que cumplen metas a corto plazo sin importar el «cómo», se crea una cultura cortoplacista y por el contrario si se eleva a quienes colaboran y construyen puentes, se forja una cultura de sinergia que permea todo el negocio.
La cultura de liderazgo es, en esencia, el sustrato sobre el cual la estrategia vive o muere.
No podría cerrar esta nota sin expresarles mis claves para mantener firme la conexión entre estrategia y liderazgo:
- Atención al espejismo del «líder operativo»: Organizaciones que promueven a sus mejores técnicos o vendedores a posiciones de liderazgo sin formarlos en visión estratégica obtienen como resultado líderes que son excelentes ejecutando tareas, pero incapaces de elevarse para leer el mapa competitivo, tomar decisiones de largo alcance y alinear a sus equipos con un propósito mayor que el KPI del trimestre.
- Política de cero incoherencia entre el discurso y la acción: Por ejemplo, una compañía diseña una estrategia que habla de innovación y agilidad, pero los sistemas de compensación y promoción siguen premiando la burocracia y el estatus quo.
Incoherencias como esta crean una suerte de cultura del cinismo donde los equipos aprenden que la estrategia es solo una declaración en la pared, mientras que las «reglas no escritas» del liderazgo son las que realmente importan para sobrevivir y ascender.
Es una tarea diaria validar la coherencia entre lo que se planea hacer, lo que se hace y el cómo se hace. De esta manera, el puerto de llegada y las formas para acceder a él estarán siempre alineadas.
- Crear una cultura de liderazgo intencional: Muchas culturas de liderazgo crecen de forma reactiva, sin un diseño intencional. Se contrata y promueve a líderes basados en la intuición del momento, generando un mosaico de estilos de mando incoherentes que fragmentan la organización e imposibilitan la ejecución cohesionada de cualquier plan estratégico.
La clave es el desarrollo de competencias de los líderes a través del tiempo. Competencias que tendrán que estar alineadas con las exigencias del camino que se ha trazado la organización.
Finalmente, podría concluirles que diseñar una estrategia es el acto de definir el futuro empresarial, y cultivar un liderazgo alineado (con la estrategia) es la única garantía de que la organización tendrá la capacidad de construir ese futuro.
Ahora, dos preguntas para ustedes:
¿En su organización el liderazgo y la estrategia son dos fuerzas que se potencian mutuamente o dos conceptos que compiten por la atención?
¿Sus competencias de liderazgo están alineadas con la estrategia de la compañía para la que trabaja?
En contacto,
Manuel


1 Comentario
¡Gracias por compartirlo!
demasiado interesante