Con el tiempo aprendí que incorporar una rutina de salud mental es fundamental para actuar con serenidad y proporcionalidad (medir con buen juicio) ante las muchas y a veces complejas situaciones del día a día.
En mi caso, desde hace algunos años me he dado a la tarea de sumar a mis mañanas espacios de meditación que me dan, por así decirlo, “la frescura” necesaria para resolver, al menos en el contexto laboral, los diversos y naturales problemas del crecimiento de las empresas socias y clientes con las que tengo contacto permanente.
Hace unos días, el Lama Rinchen, uno de los maestros budistas que sigo con frecuencia en mis sesiones de meditación, mencionó en una de sus cápsulas de reflexión que, para que nos sucedan cosas buenas, es necesario crear mérito intencional: que, para tener karma positivo, no basta con ejecutar las acciones correctas que hacemos por naturaleza (como ayudarle a un vecino con un paquete pesado o sostenerle la puerta del ascensor a alguien que viene en camino), sino que hay que dar un paso más y pensarse activamente como una fuente de mejora del mundo que nos rodea.
Rinchen decía, palabras más, palabras menos, que los resultados favorables en la vida se materializan en el futuro cuando en el presente pensamos constante y conscientemente en incomodarnos para ayudar a otros (como mérito intencional denominó a ese grupo de acciones de impacto sobre otros).
Como se imaginarán, no pude dejar de llevar esta enseñanza personal al contexto empresarial y, en ese sentido, reflexionar sobre si en las empresas estamos actuando hoy deliberada y conscientemente para que en el futuro obtengamos un mayor y mejor rédito de nuestra relación con los grupos de valor de la organización (empleados, clientes, accionistas, etc.).
De la comparación entre esa reflexión individual y el ámbito empresarial me surgieron algunas preguntas que quisiera compartirles:
- ¿Qué tanto mérito intencional proponen y gestan los líderes empresariales en nuestra región?
- ¿Nos incomodamos en las empresas por iniciativa propia —por ejemplo— creando nuevos retos de negocio vía innovación, desarrollando modelos más exigentes de servicio al cliente o diseñando estructuras rigurosas de capacitación y entrenamiento para los equipos de trabajo?
- ¿Existe tal vez una tendencia a actuar con lo esencial en las organizaciones, suponiendo que el producto o servicio que tenemos es suficiente para nuestros clientes?
- ¿Evitamos incluso la conversación sobre cómo hacer cosas nuevas y de impacto en los negocios, para no recargar nuestras propias agendas?
Al final, hacer mérito empresarial constante y consciente no es otra cosa que optar por una mirada proactiva de transformación del entorno de negocio, incluyendo por defecto a todos los agentes vinculados a una compañía. El mérito —esa suma de acciones que se ejecutan intencionadamente a través del tiempo, pensando en que todo puede mejorar para todos— es probablemente la mejor garantía de buenos resultados en el futuro de una empresa.
Así las cosas, se me ocurre que aquellas empresas y líderes que superaron en el pasado la rutina de la operación del negocio y se incomodaron para hacer mérito intencional, son las mismas que hoy conocemos como sostenibles, rentables y por demás exitosas.
Y ustedes, ¿qué acciones deliberadas están ejecutando hoy para incomodarse y hacer mérito intencional en sus organizaciones?
Los leo y conversamos,
Manuel Felipe Tamayo Díez
Fundador & CEO de Grupo ECB®


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